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La Música como Umbral: Componer la Banda sonora de Gema Galgani

 

Hay proyectos que uno espera, que busca, que persigue durante años.

Y luego están los que llegan sin avisar, casi en silencio, y te obligan a detenerte, a escuchar de otra forma. Gema Galgani pertenece a este segundo grupo.

 

Cuando Óscar Parra me propuso componer la banda sonora de esta película, entendí desde el primer momento que no iba a ser un trabajo convencional. No solo por el enfoque histórico de la figura de Gema Galgani, sino por el contexto vital, espiritual y humano que rodea su historia. No estamos ante un relato épico en el sentido clásico, sino ante un viaje interior, profundamente circunstancial, marcado por la fe, el dolor, la entrega y la contradicción.

 

Como compositor, eso supone un reto nuevo y muy estimulante.

 

La música aquí no puede imponerse. No puede subrayar de forma obvia ni emocionar desde el exceso. Debe acompañar, sostener y, en muchos momentos, retirarse. Tiene que respirar con los personajes, con su tiempo, con su silencio. Me he encontrado buscando una escritura musical más contenida, más desnuda, donde cada nota tenga un sentido real y no decorativo.

 

El enfoque histórico exige respeto. No solo por la época, sino por el peso simbólico que tiene la figura de Gema Galgani dentro de la tradición espiritual. Pero al mismo tiempo, la película no se queda en lo devocional. Hay carne, hay conflicto, hay fragilidad. Y ahí es donde la música encuentra su espacio: en lo humano antes que en lo sagrado, sabiendo que una cosa conduce inevitablemente a la otra.

 

Trabajar con Óscar Parra es, además, un privilegio. Es un director que confía profundamente en la música y en el compositor, que escucha, que dialoga y que entiende el valor narrativo del sonido más allá de lo evidente. Esa confianza permite arriesgar, explorar texturas menos cómodas y construir una banda sonora que no busca agradar, sino ser honesta con la historia que se está contando.

 

Para mí, Gema Galgani está siendo un proceso de aprendizaje y de recolocación. Me obliga a preguntarme constantemente qué sobra, qué es esencial y qué emoción merece realmente ser sostenida por la música. En un mundo audiovisual cada vez más saturado de estímulos, este proyecto me recuerda algo fundamental: a veces, la mayor fuerza está en la contención.

 

Sigo componiendo desde ese lugar, con respeto, con responsabilidad y con una profunda implicación personal. Porque hay películas que no solo se musicalizan: se atraviesan.

 

Y esta es una de ellas.

La calidez de la voz de la actriz Laura Lebó y la sensibilidad y talento del Guitarrista Surcoreano Min Ung Hwang. Piezas clave en la Banda sonora

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